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José Antonio y Francisco Rodríguez revolucionaron en 2013 con su marca “Puerto de Indias” el mundo del gin tonic. Sacaron al mercado una ginebra más suave y con sabor a fresa que está consiguiendo ser las delicias de quienes no solían beber ginebra antes de conocer ésta o de los aficionados de siempre  que preferían sin embargo tragos mucho más suaves.
Su aparición supuso un antes y un después, un hito en la historia del mundo de la Ginebra.
Con tan solo cuatro años de vida, Puerto de Indias es la tercera ginebra más consumida en España y se exporta ya a 16 países que demandan su consumo habitual, entre los que se encuentran Inglaterra, Portugal, Francia, Suiza, Alemania, Islandia y Japón. También se ha introducido en México, EEUU, Argentina, Ecuador… Está registrada así mismo en otros 60 países más y no se detiene su expansión.
Hay 67 copias de su producto en el mercado. Al margen de la piratería comercial, son bastantes las grandes firmas que han tenido que fabricar esta tendencia para adaptarse a las peticiones del nuevo gusto del consumidor.
Empezaron siendo 4 trabajadores y hoy son 150 empleos consolidados de los que el 95% tienen contrato indefinido y solo un 5% la temporalidad del verano. La mayoría son vecinos de Carmona, salvo en muy pocos casos excepcionales en los que su especialización no pudo ser cubierta por los habitantes del pueblo.

En el año de su nacimiento comercial (2013) produjeron 12.000 botellas. Hoy venden 6,5 millones de botellas al año.
Es un producto totalmente hecho en España con ingredientes españoles. Las fresas son de Huelva, el enebro de Valencia, el alcohol de Córdoba… Incluso el vidrio es de Dos Hermanas y las etiquetas las fabrica una empresa sevillana.

Un “error” en la maceración de las fresas (quizás por el calor excesivo en Carmona aquel verano) fue un golpe de destino que produjo como resultado final esta apreciadísima ginebra.


He querido venir a este “puerto” a su destilería Los Alcores de Carmona (en uno de los pueblos más bonitos de España), buscando a los artífices de esta firma de tanto éxito.

A tenor del “bombazo” que está suponiendo su consumo también en el mundo del glamour, pensaba encontrar una multinacional al uso con decenas de departamentos de nombres americanizados (“Business Intelligent Manager”, “Data System Development” y otros parecidos).

 



Me ha dado alegría, sin embargo, encontrarme el sabor de una empresa “a la llana”, artesanal, con infraestructura de personas implicadas en todo su proceso y con mecanismos sencillos pero muy eficaces. Donde no necesitan nombrar un departamento de recursos humanos porque en la relación laboral existente prima y se respira lo humano y donde, con la alegría andaluza y la magia de la motivación permanente, se consiguen resultados espectaculares.

Detrás de Puerto de Indias hay unos empresarios fuera de lo común, campechanos y sencillos pero con mucho saber hacer. Con la fuerza de quien pone la cabeza y el corazón cada día en su negocio para seguir progresando y creando empleo.

 


Bajo la marca Puerto de Indias comercializan otras dos variedades de ginebra que han entrado también con suerte de ventas acompañando a la Strawerry: la Classic y la Pure Black, ambas responden a demanda de paladares más afianzados en la ginebra.

No ha sido fácil, José Antonio, ¿Verdad?
Como nada en la vida, Carmen.
Pero un golpe de suerte os ha llevado al éxito ¿No?
Incluso con aquello a favor no ha sido fácil, ni lo es cada día aunque estemos agradecidos y felices por hacer lo que hacemos. Descubrir un producto no significa que ya está. Hay que ponerlo en funcionamiento y hacerlo ganador.
Dices que os ayudó un poco el destino, que ni tú ni tu hermano os lo esperabais, ¿Cómo fue?
Por aquel año intentábamos de todo: pacharán, licor de limón, licor de naranja…y no funcionaba nada. Estábamos intentando hacer unas fresas maceradas en alcohol para venderlas en tarros y tampoco nos salió bien. Como habíamos hecho una inversión importante, por no tirarlas las destilamos buscando aprovecharlas y de buenas a primeras conseguimos nuestra ginebra de fresa.

¿Esta destilería no está unida a la fabricación histórica del anís?
Así es, Carmen y como ves es además un lugar privilegiado por su mina de agua. El manantial que brota de este lugar llegaba a Sevilla por los conocidos caños de Carmona. El lugar en el que se encuentra la destilería fue unas antiguas termas romanas y posteriormente un molino árabe.
Es la destilería más antigua y con mayor tradición de Andalucía, también una de las primeras de España. Era 1880, cuando un inmigrante vasco, apellidado Izaguirre, llegó a Carmona huyendo de las guerras carlistas. Una vez instalado en la finca donde se ubica la actual destilería, decidió aprovechar la existencia de este manantial de aguas subterráneas de la época romana para poner en marcha la elaboración de una serie de destilados, en alambiques de cobre y mediante técnicas tradicionales.
Su familia tenía ya experiencia en la fabricación de pacharán y otros destilados (pacharán y vermouth Izaguirre) y comenzó a fabricar aquí un producto tan tradicional y español como es el anís además del primer pacharán andaluz.


Es verdad recuerdo el olor a anís en mi infancia. ¿Ahora ya no tiene tanto arraigo?

Hasta finales de los setenta fue la bebida más consumida en España y se utilizaba en las casas para muchas cosas. Nos dolía la barriga o las muelas y las abuelas daban como remedio medicinal anís hasta para la menstruación de las señoras. Se utilizaba como digestivo por sus propiedades… La pastelería española estaba fundamentada en el anís y se elaboraban en las casas, no se les ocurrió a los pasteleros sino a las abuelas que hacían dulces caseros, pestiños, roscos, con este producto. Era tradición andaluza y española su consumo para muchas cosas.
Yo siempre digo que el olor a anís, recuerda el sabor de la Navidad, el olor a familia.



¡Qué bonito!. Tienes razón, quienes fuimos niños en los años 70 hemos vivido lo que me cuentas y nos evoca esos recuerdos.
Pero las modas llegan y desgraciadamente en España somos de lo de fuera. En esta zona todavía hoy en día somos el anís de la comarca, pero en otras como Cazalla de la Sierra que tuvo sesenta destilerías o en Sevilla, que había siete, ya ni siquiera se recuerdan.
Los andaluces también nos hemos ido incorporando a otras modas y costumbres.


¡Qué edificio más encantador! ¡Qué bien restaurado conservando su aire antiguo!. ¿Desde cuándo sois los propietarios?

Mira, mi hermano y yo nos dedicábamos anteriormente a la construcción aquí en Carmona. Mi padre era maestro de obra.
Teníamos una pequeñita empresa y empezamos a trabajar mucho en Sevilla. Nos hicimos amigos de un equipo de arquitectos y aparejadores con los que hicimos una sociedad para reformar casas.
En 2001 me enteré que vendían la destilería y vine a verla con un cliente que quería montar un salón de celebraciones. Él no la compró, pero yo me enamoré de este sitio y “piqué” a mi hermano y a mis socios para comprar la fábrica.
Desde entonces continuamos la tradición y la fabricación de anís. En el tiempo hasta el 2007 algunos socios fueron saliendo de la sociedad y quedamos otro socio, mi hermano y yo. Tras el fallecimiento en 2008 de esta persona, su señora nos vendió su parte y nos quedamos nosotros.
En aquella época la construcción se vino abajo por el efecto burbuja y los desastres bancarios del mundo en ese azote que todos hemos vivido en esos años en los que cada uno ha tenido su particular “¡Lo que el viento se llevó!”…
Y nos dedicamos a la fábrica. De la afición pasamos al oficio, aunque intentábamos de todo, producir otros licores…no nos funcionaba nada y como a cualquier español en aquella época, más ruina, no se me caen los anillos por decirte que por muy poco perdemos las casas de nuestras familias. Por eso te he comentado antes que no fue fácil, como nada en la vida lo es.
¿Cómo continúa la historia?
La primera botella de Puerto de Indias se probó y se vendió aquí en la finca. Todavía eran tiempos duros y mis hijos montaron una terraza de verano para podernos ayudar y pagar sus estudios. A la terraza venían gente de los alrededores, El Viso, Mairena… A las dos semanas nos llamó un distribuidor de Mairena, de allí a Alcalá de Guadaira, luego Sevilla y así se fue extendiendo su consumo. La expansión no ha parado desde entonces, pero lo más curioso es que la publicidad ha sido por el boca a boca, no teníamos dinero para campañas publicitarias.
¡Qué acertado el nombre, Puerto de Indias!
Se le ocurrió a mi hijo Basilio, aunque yo no estaba muy convencido porque me parecía largo para una bebida, pero ya ves…me equivoqué. El nombre ha calado muy bien y la empatía de la Torre del Oro y su significado histórico y cultural ha ayudado a ello.
El logo lo diseñé yo mismo con un programa sencillo de ordenador, el Paint. ¡Fíjate que arte! Al cabo de un tiempo, nos llamaron unos entendidos en Marketing felicitando a nuestro equipo de Marketing y Publicidad, que éramos nosotros mismos con elementos muy rústicos. Nuestras mujeres y nosotros éramos quienes empujábamos todo. Las primeras distribuciones de botellas las hacía yo con mi coche…
También nos ha ayudado la simpatía que produce Sevilla en el mundo. Le hablas a cualquier español o extranjero de un producto de Sevilla y por ser de aquí ya tienes camino ganado. Sevilla cae muy bien en la mayoría de los sitios.

Dime en secreto… ¿A ti te gusta beber Puerto de Indias?
Sí, a mí me gusta aunque yo soy más de whisky.
Me encanta su color y la botella está muy lograda.
Antes teníamos una botella estándar y decidimos hacer nuestro propio molde con imagen que recuerda la Torre del Oro y grabar en su vidrio “Ginebra Sevillana”.

 

 

 

 

 

Cada acontecimiento de Puerto de Indias concita a muchos simpatizantes. Presentación de su nueva botella a cargo de Pepe Da Rosa

También me encanta vuestra forma de llevar la empresa y vuestra atención con los trabajadores, vuestra forma de ser empresarios.
No puede ser de otra forma, Carmen. ¡Estaría bueno!. Nos ayudan cada día a que esto sea lo que es. Mi hermano y yo hablamos a menudo de que tenemos la pena de no poder crear cada día 50 empleos más.
Nosotros somos de personas, no de robots aunque ciertamente automatizar ciertas líneas lo exigen, pero preferimos tener personas. En ello se basa nuestro control de calidad y nuestra forma de concebir la empresa. No olvidamos que somos fuertes también porque nuestros trabajadores se esfuerzan con nosotros acompañándonos en nuestro camino. Nuestros equipos están implicados en esto.
Nuestro concepto de empresario se aleja de la idea preconcebida y antigua de la explotación. Somos arriesgadores, emprendedores y no concebimos esto sin equipos de personas que trabajan en ayudarnos a desarrollar productos y crear empleo. Pero no creo que seamos raros en ello, hay muchísimos empresarios que son también así.

A mí que no me gusta beber alcohol, me he entretenido embelesada con el aroma a fresa de alguna de sus salas, me recordaba los algodones de la feria. Las cosas que me contaban evocaban momentos de mi infancia y eso siempre es de agradecer.  También me voy feliz de conocer a José Antonio y a Francisco, dos arriesgados emprendedores con grandes logros. Más feliz aún por cómo son como personas que por su estela de éxitos. Y me voy contenta  de comprobar una vez más que en Andalucía, en Sevilla, en este caso en Carmona, hay cosas que se hacen muy bien.
Queridos lectores, si no conocéis Carmona, venid a ver este pueblo precioso. También podéis visitar la Destilería Los Alcores, lugar de nacimiento de la ginebra  “Puerto de Indias”. Os dejo enlace.

Carmen Pareja-Obregón de los Reyes / SEVILLA EN AÑIL

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