¿A qué huele Sevilla?

Estos días huele a tierra mojada en muchos lugares. Maravilla de olores traídos por lluvias de otoño tardías y muy deseadas, que completan la fiesta de colores y aromas de esta época del año tan espectacular.
(No te vayas lluvia, pero ven de noche y suave a acariciar nuestros campos. No vengas torrencial, que así no me gustas).
Poco a poco se irán recogiendo los frutos de otoño y muy pronto, tal vez en unos días, en un paseo por el centro, cerca de La Campana sentiremos la llamada del olor a castañas asadas. ¿Hay alguien que no rememore entonces momentos de su infancia a ese olor vivido con padres y hermanos, con abuelos…?. (nota para padres jóvenes: no dejéis la tradición de llenar el patrimonio de vuestros hijos con momentos vividos a veces tan simples y tan maravillosos como comprar juntos un cartucho de castañas)
¡Qué bello es vivir!

Los seres humanos guardamos como tesoro sagrado el recuerdo de nuestra infancia. Mi padre me contaba que se “esconden” para siempre a medio camino entre el corazón y la mente, en algún lugar de la memoria.

Estoy segura de que somos muchas personas en Sevilla las que recordamos nuestra niñez envuelta en aromas a azahar y a jazmines.
Y estoy convencida de que ello forma parte de aquella felicidad con la que crecimos desde que éramos niños.
Que el azahar, los jazmines, las rosas han ido provocando a lo largo de los siglos en los sevillanos y en quienes nos visitan, destellos de magia y que pudiera ser ésta la causa probable de nuestro optimismo y nuestra filosofía cotidiana llena de alegría.

Foto: Carmen de los Reyes de los Reyes
Cuando nací, lo hice en casa no en el hospital, en nuestra casa de entonces en Castilleja de la Cuesta y mi padre le dijo a mi tata ( a la que quiero infinito) que no tirara la placenta. Juntos la plantaron en un arriate y sembraron encima un jazmín.  Quizás por eso me guste tanto el jazmín. Es un símbolo precioso en mi vida igual que el azahar. Mi ramo de novia era  blanco de azahar y jazmines.
Más tarde planté alguno añil. Ya sabéis… mi mirada añil.

De pequeña creía que el cielo de Sevilla también olía a azahar. La poesía de las cosas que mi padre me contaba sobre ello, me hacían disfrutar doblemente del tiempo vivido en Heliópolis, lleno de naranjos y un olor especial, donde cada ratito con otras niñas y niños del barrio era un cuento de hadas. Yo también “inventaba” historias y se las contaba a otros niños que se arremolinaban a escucharlas en nuestra esquina de la calle Paraguay donde hablábamos y jugábamos a la comba…
Foto: Carmen de los Reyes de los Reyes


Hice mil cábalas en mi cabecita al pensar que si Sevilla tenía esencia de naranjos, jazmines, damas de noche, buganvillas, rosas y tantos olores maravillosos, ¿cómo olería el Guadalquivir al cruzar la ciudad?.
Recuerdo la magia que sentí también cuando mi padre me llevó por primera vez de pequeña al patio de los naranjos de la Catedral o al Parque de María Luisa o a los Jardines de Murillo…
Cuando subí por primera vez a la Giralda, al asomarme y ver desde arriba el patio de los naranjos tan espectacular… ¡Qué cosa más bonita! Parecía que había nevado en Sevilla. Los árboles blancos y el suelo también con un manto de pétalos. Pensar que cada azahar era una naranja me fascinó.

Pero muchas otras plazas y calles del centro y de los barrios eran y son el escenario del arte sevillano. Cada rincón de Sevilla te atrapa la vista y te embruja con el sello de su aroma.

Es lo mismo pero no.
No pueden decir lo mismo en otras ciudades, aunque apreciar aisladamente el aroma del azahar sea relativamente fácil también en otros lugares de la geografía, incluso puede lograrse un parecido en los estupendos perfumes creados en Sevilla o de la centenaria agua Tena de azahar embotellada  que se llevan los turistas y algunos grandes chefs para dar aroma en sus obras de repostería.

Pero que una ciudad entera huela tan bien es en mi opinión digno de nombramiento de Patrimonio Intangible de la Humanidad, porque Sevilla es un tarro natural de azahar.

Lo saben bien quienes nos han visitado alguna vez. Según una encuesta fechada en el año pasado y realizada por una importante firma de perfumería, para el 53% de los españoles la ciudad que mejor huele de España es Sevilla. Un 51% identifica el aroma de la flor del naranjo, el azahar, como la fragancia característica de nuestra ciudad.
También lo sabemos quienes vivimos aquí, más del 87% de los residentes en Sevilla encuestados contestaron la misma respuesta.
Es normal que el azahar sea el sello del olor a Sevilla. Cuentan que unos cuarenta mil naranjos se reparten por los rincones de esta ciudad.
Y dicen que las flores en Sevilla van andando por las calles.
Es tradición en Sevilla, no solo de las señoras, también de las mocitas, llevar jazmines en el pelo con una horquilla de moño.
Te entretienes antes de que caiga la tarde porque hay que cogerlos cerrados, los colocamos en las horquillas y en la noche se van abriendo en el pelo.

Foto: José Valero Ignoto

He leído versiones distintas del porqué Sevilla está llena de naranjos. Me quedo con la de que fueron sembrados por los árabes. Pero me gusta recordar también que en la década de los años veinte del siglo pasado, la familia Sánchez – Dalp regaló a la ciudad una plantación muy numerosa de naranjos para que embellecieran las calles. Fue con motivo de la Exposición del 29. Gracias a unos y a otros hoy gozamos de esta maravilla.

El naranjo se asocia desde tiempos remotos a la felicidad de sus dueños. Tal vez por ello en Sevilla hay tanta alegría.

Nuestras células olfativas pueden distinguir miles de aromas distintos.
Y Sevilla también huele a sol, a vida, a buenas tapas y a pescaíto y su adobo y a incienso y especias y a buen clima y a buena gente… a arte y duende. Sevilla huele que embruja.

Podría  ser un momento agradable que hoy sábado, ya a la caída de la tarde, acurrucados en el sofá y tal vez abrazados a alguien querido, indagues en tu memoria los recuerdos de tus olores de Sevilla. Te lo sugiero. Es una experiencia sensitiva maravillosa.
¡Qué te voy a decir a ti, que vives como yo en la ciudad más bonita del mundo!

Carmen Pareja Obregón de los Reyes /SEVILLA EN AÑIL

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