Cuentos con alma /Marta Blandino

En un pueblo encantador donde predominaba la nieve, un niño pequeño salía a jugar con ella cada día. A Jonás le encantaba hacer muñecos de nieve y los hacía tan magníficos que la gente del diminuto pueblo iba a ver sus creaciones.
Un día, el pequeño quiso crear algo diferente a lo que hacía normalmente y decidió modelar  dos muñecos de distinto sexo, pero lo que les haría especial era el conjuro que les había introducido dentro de la nieve.
Cuando Jonás se fue a la cama, miles de estrellas fugaces caían del cielo como si se estrellaran contra los muñecos, era un festín de colores que daba forma a aquellos seres. Se pintó una boca en cada uno, le salieron extremidades, sus ojos cogían luz…

Llegó la mañana y el pequeño, entusiasmado por si su conjuro había dado resultado, saltó de la cama poniéndose la bata y sus botas de agua. Salió por la puerta de su casa y vio a un grupo de personas rodeando lo que serían los muñecos de hielo. Hablaban entusiasmados y cuando vieron a Jonás todos comenzaron a aplaudir. Él observó entonces a sus dos muñecos vivos mirándole con una gran sonrisa. También otra enorme sonrisa iluminó su propia cara cuando corrió a estrechar a los dos muñecos entre sus brazos.

Día tras día durante mucho tiempo, todos los vecinos del pueblo fueron a visitar a los muñecos que al principio eran felices, pero a medida que pasaba el tiempo ambos, ella y él, se entristecían más y más y perdían aquella enorme sonrisa.

El niño notó la situación y decidió preguntar qué era lo que ocurría.
– Pequeño Jonás, entendemos que nos creaste para ser vistos por personas, pero tu creación también poseía amor. El invierno casi ha acabado y aún nosotros no hemos disfrutado de nuestro amor -dijo el muñeco de nieve abrazando a su amada-.
– Yo no quería esto – le contestó el pequeño entristecido – ¿Qué puedo hacer para que volváis a ser felices?
– Solo queremos estar juntos, el conjuro no dura para siempre. Permítenos estar por siempre juntos   -dijo la muñeca de nieve mientras se derretía junto a su amor- .
(El sol abrasador comenzó a salir por detrás de las casas derritiendo a ambos muñecos).
El niño muy triste vio como sus dos mejores creaciones desaparecían junto al frio invierno y como se convertían en agua, entonces Jonás tuvo una gran idea, entró en su casa y cogió un gran bote de cristal, tomó la nieve de sus dos muñecos y dejo que se derritieran juntas dentro del bote. Pero aquello no era suficiente, ambos querían ser libres, de modo que el pequeño se acercó al riachuelo a las afueras del pueblo y dejo caer la nieve ya convertida en agua. Ésta desapareció junto al enorme río.
Ahora  siempre estaréis juntos – dijo Jonás con carita sonriente, lleno de felicidad – vaya adonde vaya el agua no os separaréis nunca.

“CUENTOS CON ALMA“, es una columna creada por Marta Blandino para Sevilla en Añil

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