La eternidad de la música

 “Manuel Pareja –Obregón García, un artista polifacético y eterno”

dieddiegoromeros-y-boza31-10-2000-0148Por DIEGO GARCÍA ÁLVAREZ. (Publicado en ABC el 25/07/2002)
(Diego García Álvarez es pseudónimo para prensa de Diego Romero Álvarez, insigne músico)

Dentro de cinco días  se cumplen veintiún años del fallecimiento de D. Manuel Pareja -Obregón, un grande de la música. Reproducimos este artículo, rastreado en hemeroteca, en su memoria.

Nuestra amistad nació un día de San Arturo (1 de septiembre de 1966), cuando al verano apacible y curtido, apenas le separa una veintena de días del equinoccio otoñal. Ni Manolo ni yo fuimos personas a las que les gustara el relumbrón de un sol rutilante y cegador, propio del verano pleno. Aquel día en que nos conocimos, fue cálido y la fiesta duró hasta la madrugada, en la marquesina del chalé de los Damas-Zayas, allá por la Canaleta donde el brazo más occidental del Odiel abraza el Atlántico de la bella Punta Umbría, de playa inigualable y mareas generosas; ora bañando los pilares de las primeras casas -de peculiar estilo inglés-, en la pleamar; ora retirándose entre espumas blanquiverdes, desnudando sus orillas en bajamares extensas, casi interminables…

Desde el primer momento, conectaron nuestros estilos de concebir la música, cada uno a su aire, pero estableciéndose una afinidad, imprimiendo esa sutil armonía -por precepción innata- vistiendo cualquier tema musical con pinceladas de modulaciones que, sin rebuscamientos, dieran en el blanco de una conjunción alejada de las concepciones rutinarias. Todo ello sin pretensiones ni alardes fatuos, al dictado de nuestro carácter autodidacta…

Ahora se cumplirán siete años del fallecimiento del amigo y gran artista Manuel Pareja-Obregón García, que se fuera para siempre un 24 de julio, víspera del día del Apóstol Santiago del año 1995.

Manolo y otros amigos irrepetibles (discúlpeseme de olvidar la cita de alguien) también se nos han ido de este rincón, El Rompido, que por y con ellos descubrí hace casi 40 años: Eduardo Balbontín (el hombre de más gracia, de la buena, del mundo), Enrique Zbikowski, Alberto Balbontín, Juan Galiana, José Catalina, Paco Campoy, Luis Álvarez-Ossorio, Pepe López-Pazo y Celso Pareja-Obregón. Mas los que aún viven, amigos entrañables, ¿qué cosas pasan?…, a ninguno veo por más que busque y mire desde «La Barranca» -junto a los dos faros- hasta «La Galera». He quedado solo, de cuantos formábamos una tertulia enhebrada que duraba los dos meses largos de tantos veranos inolvidables.

Yo, el último en llegar… «ni canoa, ni guitarra, ni una red para pescar…» (como reza una canción que tanto cantáramos). Veo a sus familiares y sobre todo a la gente joven, entre ellos a la legión de Pareja-Obregón y ¡cómo no! al chiquitín de Manolo, Arturo, todo un hombre y extraordinario artista: bendita sea la rama…

Me viene a la memoria, al recordar la destreza, la personalidad acusada y hasta compleja -el arte en suma de Manolo- alguien como un Leonardo da Vinci que tanto conocía y fue maestro de cuando se propuso hacer…

Manolo fue puro arte, tanto con su piano, flauta, tamboril y guitarra, como improvisando rimas y músicas de sevillanas, fandangos y cualesquiera canciones. Juntos hicimos «La historia de una amapola», cuya autoría compartimos. Y en su piso de Nervión, puse la idea de la polifonía de su «Misa rociera», cuya melodía es de su autoría.

Su casa posterior estaba en Uruguay, 14 (Heliópolis) y la nuestra en Paraguay, 24, del mismo barrio. Casi a diario, en una o en otra, nos reuníamos para echar nuestros ratos de música y salían a relucir sus habilidades como cocinero, preparando exquisitos platos a base de los ingredientes más elementales que haya en cualquier despensa. O nos mostraba sus figuras ejecutadas en barro con la ayuda de un palo cortado del jardín: gitanas garbosas y bailaoras o con su churumbel apoyado en el cuadril, toros de Concha y Sierra, Pablo-Romero, Guardiola, Mihura…, en su alma y sus sentidos estaban grabadas las anatomías según castas y hierros. Y caballos, toreros y cuanto se le antojara. Algunas piezas -pocas- se las fundieron en bronce.

Sobre su barca de madera, blanca como una paloma, andaba por las aguas del Piedras como por su propia casa. Se la construyó Carrasco, en Cartaya, y con ella pescó (casi siempre en Septiembre) las corvinas más grandes que en El Rompido se han visto.

Hace unos meses, he compuesto «4 sevillanas a Manuel Pareja-Obregón» con la intención de condensar nuestras vivencias y sus primores. Pero ni con 400 sevillanas podrían cantarse los valores de este -aunque enjuto y de estatura bajita- artista de talla y talento grandes con quien tanto viví y gocé. Miles de ratos navegando entre delfines con la mar como un plato por ese Estrecho de Gibraltar y los sones de guitarra como fondo, hasta entrar en Banús, a bordo de «El Maletilla» con música y toque de flauta y tamboril; cazando al lado de la Virgen de la Cabeza, en la Sierra de Aracena o en nuestro Andévalo… Cuando Manolo se lo proponía, hacía T-O-D-O y BIEN. ¡Sí señor!, y aunque ahora se cumplan siete años de su muerte, permanecerá en nuestro corazón como artista eterno.

Vinieron acontecimientos que he ido bandeando y no pude hacer público mi sentir por motivo de una convalecencia obligada y, gracias a Dios, superada. Hoy, desde las páginas de este periódico tan familiar en nuestras casas, cumplo el deber del reconocimiento a una vida de amistad y afinidades, así como la gratitud por cuanto aprendí de mi amigo y gran artista.

¡Manolo, amigo! te imagino cantando tus ocurrencias al mismo Dios que le sabrán a Gloria. Amén.

 

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