En Triana (I)

Triana es más que un barrio de Sevilla, Triana es un sentimiento que rompe todas las fronteras. Es más que el guardián del Guadalquivir a su paso por Sevilla. Triana es el Arte en la vida cotidiana. Cuna de ilustres artistas de vida sencilla y de sencillas personas que saben vivir su vida día a día con arte.
Triana es… incluso un clima, una música en el aire, un estado del espíritu, un bienestar emocional.
Forjada mano a mano en abrazo unido por sus habitantes de siempre a lo largo de su historia,Triana es un lugar mítico “escrito” por su gente, un lugar especial y único de nuestra ciudad. Para muchos un lugar independiente de Sevilla, para otros tantos una parte íntima inseparable. Para casi todos, un sentimiento de arraigo.
Triana es una historia de separación ya superada. Y como dijo Manuel Carrasco en su Bulería a Sevilla…
“Y yo la quiero a las dos, a Sevilla y a Triana, que es lo mismo pero no”
Carmen Pareja-Obregón de los Reyes/ SEVILLA EN AÑIL

La capilla del Carmen, la  capilla del Altozano en Triana  es obra del arquitecto Aníbal González de 1928. Se encuentra situada en el inicio del Puente de Triana, a la salida de la plaza del Altozano, junto al mercado.


El propio Juan Ramón Jiménez hablaba del privilegio de mirar Sevilla desde Triana:
«Desde la azotea de Triana se ve Sevilla, larga tendida, llana, abierta, malva toda y oro, como una mujer rubia, que sueña despierta en su alma, que es su cuerpo»
Pasear por la calle Betis y mirar hacia Sevilla es un lujo y un placer que los trianeros tienen desde hace cientos de años.
Su historia es la propia historia del río, habitada por fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes, castellanos… y hoy día por gentes de todo el mundo que buscan la bohemia en esta zona paradisiaca de la ciudad.

Venir a Sevilla y no adentrarse en Triana es dejar de estar “en donde hay que estar”.
Triana no es monumental, pero es arte y herencia popular.
Aquí está el cante y el baile, la pintura y la escultura, la cerámica y la alegría, aquí está la sabiduría de la vida sencilla…materia sublime de una vida feliz.
Aquí vive la “reina de Triana”, La Esperanza, tan querida por el pueblo. Y “El Cachorro”, y aquí está la iglesia de Santa Ana…
Y casitas pintureras  que te llaman la vista con su estética singular mientras paseas por este paraíso urbano.
No te pierdas ese  paseíto por la Calle Betis (dicen que a la Torre del Oro le habría gustado estar en este lado) o por San Jacinto, Pagés del Corro… y por las callecitas estrechas de todo este barrio paraíso.

Entrando en la calle San Jacinto.

En el puente de Triana que cantara mi padre Manuel Pareja-Obregón, enamorado de este lugar y correspondido por su gente en muchas formas, incluso con la  concesión de una calle con su nombre por petición popular …
“Cuando paso por el puente Triana, contigo vida mía
con mirarte solamente Triana me muero de alegría…”

Hasta la construcción del Puente de Isabel II en 1852 (Puente de Triana) la comunicación física con la ciudad amurallada de Sevilla era un simple puente de barcas.
La cerámica es un arte también vinculado a Triana desde tiempos inmemoriales. En el último tercio del siglo XIX, se sucede una época dorada de esta actividad que produce  un catálogo inigualable de la Cerámica en Triana.

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