Hoy toca en el Cielo, Manuel Pareja-Obregón

Hace veintidós años desde que falleciera en su ciudad este genio sevillano.

“Cuando yo era pequeña siempre escuchaba y oía hablar de los ángeles….uno con una trompeta otro con un violín…pero nunca los sentí, ni escuche sus sonidos. Ese día, el 24 de julio, esa mañana de verano fue la primera vez que escuchaba a todos los ángeles del Cielo tocar. Cerré mis ojos y sentí que en el infinito del universo todos los ángeles estaban rezando la Salve del Olé Olé; porque cuando uno está cantando una salve, también se está rezando.

… Y la puerta más grande del mundo se abrió en ese instante, para que un humilde músico entrara componiendo en el Cielo.
San Pedro no le dio las llaves, le dio la mano y le dijo: “Pasa Manuel, te estábamos esperando, ya estás aquí con tu piano. ¡Esto es la Gloria!”
¡Mira si tiene arte, que en el Cielo ya ha formado una matriz muy grande de ángeles para que canten por sevillanas y por fandangos! Sólo puede hacer eso un “cantinero” sevillano… un Señor que llevó su piano al Cielo…una mañana de verano.
¡Ole tú Papá!”

CARMEN PAREJA–OBREGÓN DE LOS REYES


“Traía el Arte en sus venas, porque estaba tocado por el Arte… Nieto de El Espartero y de la famosa ganadera Viuda de Concha y Sierra. Hijo de Doña Pilar García Fontfrede y Don Joaquín Pareja Obregón, Conde de Prado Castellanos.

Manuel vivió algún tiempo de su niñez en El Aljarafe sevillano, en la antigua y vendimiadora Gines, de casas solariegas de cal, con cierres de ensueño y miradores altos con palomas… (su casa de infancia era la finca La Pilarica, Gines).

Y nació un 4 de mayo de 1933 en Sevilla en la calle O`donnell. Era el más pequeño de una de las familias de más abolengo sevillano… y Sevilla, Triana y El Aljarafe lo configuran artista.

Y fue músico y compositor y hasta cancionero, autodidacta enamorado, sentimental creador de las músicas y las canciones más bellas, más sentidas del Folklore andaluz, del acervo popular… Coplas y canciones que interpretaron voces ya míticas como las de Los Hermanos Reyes o Enrique Montoya; voces en el recuerdo, como las de Los Panaderos o Los Duendes…

Sevillanas que popularizó en la película Cabriola la entonces juvenil  Marisol – y se amaron dos caballos. Camino del Rocío yo la vi o No corras con el caballo…- ya entre los valores de la música del pueblo, y otras, hechiceras, en las voces actuales de Los Marismeños,  Los Amigos de Gines,  Los Doñana,  Chiquetete, Los Rocieros…

Manolo era inherente a su piano de ensueños románticos donde compuso esa rítmica canción que, incluso, se ha cantado por rumbas hasta en La Habana: Cantinero de Cuba, ya insuperable en las voces de Sergio y Estibaliz, mientras que se hacía más sensible -si cabe-, al concebir Grande para la delicada Paloma San Basilio… Elevándose en la dirección de la Coral Polifónica de Valverde del Camino, a la que dirigía, con acierto magistral.

Pero Manolo era tan artista, tan frágil -en su menudo cuerpo había más espíritu que materia- que derrochaba sensibilidad por los poros de su piel. Era un hombre polifacético porque cultivó la pintura de  claros horizontes, y la escultura, con andaluza sabiduría, pues ya, de niño, buscaba la mejor tierra de La Pilarica, en Gines, para sus esbozos artísticos, llegando, también  a ser maestro en la escultura… Quisieron llevárselo a México, para que allí crease sus cabezas de toros y paradas de bueyes con caballos, pero él prefirió quedarse en su tierra, para componer, para crear y grabar, en solitario, La Antología de las Sevillanas y La Antología del Fandango.  Manolo, amable y simpático, pero profundo. Estaba a caballo entre dos Andalucías únicas: La Andalucía marinera, de Cádiz y Huelva y la Andalucía de tierra adentro hasta El Andévalo onubense, donde buscaba las raíces del fandango.

Sin olvidarse de Triana, ni de El Rocío, a donde volvía siempre con el corazón abierto, para postrarse ante la Blanca Paloma, al compás broncíneo de las campanas del Santuario…

Porque él era un profundo rociero y un artista único, por diferente, que con voz breve e íntima, pero dulce, melodiosa y sentida, cantaba y cantaba -y la recogió  la voz inmensa, universal del mundo rociero – esa Salve del Olé-  que se escucha en el bar y en La Marisma, en El Rocío y en la iglesia, en la intimidad familiar y en el cortijo, porque él llevaba a la Madre de Las Marismas en lo más recóndito de su corazón.

Y tocaba, además, el tambor y la gaita, como un auténtico pastor marismeño y enseñó a tocarlos a un grupo de muchachos que hoy, lucen con orgullo, el título singular de Los Tamborileros de la Virgen del Rocío de la Hermandad Matriz de Almonte, bajo el patrocinio de la Condesa de Barcelona.

Manuel Pareja Obregón fue elogiado, musicalmente, por los geniales maestros Manuel López Quiroga y Juan Solano, así como por los también geniales Paco de Lucía, Manolo Sánlucar, Felipe Campuzano. Manolo fue otro genio…

Su frágil corazón, de tanto sentir -y sufrir- se apagó la mañana del 24 de julio de 1995, quebrándose su voz, para el recuerdo, en la espléndida película de Carlos Saura: Sevillanas, donde sigue derrochando sentimiento y emoción mientras toca su piano eterno…
Y quiso quedarse para siempre -confundidas sus cenizas con las arenas de oro-, en esa llanura inmensa de La Marisma, cantándole a la Blanca Paloma al son de sevillanas”.
Daniel Pineda Novo.


“Todas las voces del disco de Fandangos de Cacería, de Manuel Pareja – Obregón son de él mismo, él se hizo los coros a sí mismo grabando hasta diez veces el mismo fandango en tonos diferentes… un genio. Mi tío Manolo era un poeta diferente, su poesía nacía sola de sus palabras, de su cara, de su voz, de su prodigiosa mente. Primero cantaba al piano y luego tenía que recordar lo que había cantado para escribirlo y guardarlo. Así fue siempre, un gran aristócrata bohemio enamorado de la cultura y tradiciones de nuestra tierra, Andalucía”.
Celso Pareja -Obregón López- Pazo

Cuando tú mueras hermano
hermano, cuando tú mueras

verás que pronto se sube
diciendo ¡Blanca Paloma!
esas marismas azules.
Letra: Juan de Dios Pareja – Obregón  García / Música: Manuel Pareja –Obregón García

“Me vienen recuerdos de mi juventud, las  noches cálidas del verano de mi Sevilla. Recuerdo que una de esas noches estaba en alguno de los lugares de moda con varios amigos y no paraba de cantar estas sevillanas. Me identificaba mucho con ellas por la libertad de la vida. Sentada en la puerta, mientras un amigo tocaba la guitarra, miraba las estrellas y pensaba en el duende y la magia de todo lo que componía mi padre. Caminando por la calle cuando me dirigía hacia mi casa, ya escuchaba el piano desde lejos. Me gustaba jugar en mi pensamiento a adivinar quién sería el que tocaba, si mi hermano Manuel Diego, Joaquín,  Arturo o mi padre. Siempre acertaba quien era. Me encantaba saber qué era lo que tocaba con tan solo escuchar unas notas. Era una maravilla y pensaba…¡Qué distinta es mi casa al resto del mundo!”
Carmen Pareja-Obregón de los Reyes

 

“Cuando yo hablaba con él le decía Manuel. Cuando hablaba de él decía don Manuel, porque yo creo que se fue una de las mejores plumas que ha habido en la Música. No era un hombre que compusiera con las manos, componía con el alma por eso le salían las cosas que le salían. Y sin tener una gran voz, no he conocido a nadie que haya sabido decir las sevillanas como él las decía, porque al igual que las componía las decía con el alma. Don Manuel Pareja –Obregón…¡Genio!  …y genios no nacen todos los días”.
María del Monte

“Manuel Pareja-Obregón es de todos. Es patrimonio de Sevilla y de la Música.. ¡Es tan bonito, tan fluido y tan sencillo todo lo que ha hecho!. Y en el mundo de las sevillanas rompió la baraja y cambió los esquemas para siempre. Ha hecho Historia. ¡Me encanta!.”
Javier Jiménez Sánchez – Dalp

El célebre escritor y periodista Javier Márquez decía: “En 1992, Carlos Saura dirigió Sevillanas, una excelente producción en la que se repasan los distintos tipos y estilos de este mal llamado arte menor del flamenco, en sus modalidades de cante, baile y toque. Como siempre, Saura logra una obra de emocionante belleza visual, demostrando que eso de que las sevillanas son solo para la feria y el Rocío es una afirmación tan inteligente como decir que los helados son sólo para comer en la playa”.
Y continuaba:
“Pero volviendo a lo de la película, decía que la había recordado porque entre los muchos artistas que por ella pasan, todos grandes, creo que me quedo con la escena de Manuel Pareja Obregón. Éste hombre es otro de esos sevillanos ilustres que algunos conocen y demasiados ignoran. Es el José Alfredo Jiménez de las sevillanas: todos han escuchado alguna suya aunque lo ignoren. Compuso muchísimo y grabó muy poco, apenas a modo testimonial. Y eso que, como en el caso del mexicano, es precisamente el hecho de que su voz no sea perfecta, ideal para el género, lo que engrandece sus interpretaciones al hacerlas más puras y naturales.

Lo genial de Pareja Obregón es cómo intentó siempre reivindicar las sevillanas como algo más que un fondo musical para bailar. Las suyas son sevillanas para escuchar, y para bailar, sí, pero hasta bailando, se te va el oído hacia lo que está contando. En pocas de sus composiciones hay versos que se repitan una y otra vez, porque aprovechaba cada línea para decir algo, para emocionar. Y de igual modo que buscaba la máxima expresión con los textos, así hacía también con las estructuras musicales. En fin, lo que se dice un maestro.

Nieto del torero Espartero, Pareja Obregón introdujo la orquesta donde antes sólo sonaban guitarras y castañuelas, además de ser un notable escultor que se prodigó frecuentemente. Colaborador de Rafael de León y Manuel Quiroga, compuso más de tres mil sevillanas, fandangos y canciones —además de la famosa Salve rociera— que interpretaron decenas de artistas de distintos géneros.

Pareja Obregón sentado al piano, cantando con esa elegancia como de quien toca algo de Debussy aliñado con un seseo bien domado. Alrededor del piano le acompañan la maestra de bailaoras, Matilde Coral, su marido, Rafael el Negro, y su hija Rocío García Corrales. Se marcan varios bailes, pero ninguno como el de la gran Coral con el mantón sobre los hombros mientras Pareja Obregón canta Dios quiso crear el vuelo. El piano limpio, la voz imperfecta, los movimientos casi mágicos, y esa realización de Saura que casi hace que nos sintamos allí; hasta los sonidos son impecables, desde el roce de las telas hasta el golpe de cada paso.

Por DIEGO GARCÍA ÁLVAREZ. (Publicado en ABC el 25/07/2002)
(Diego García Álvarez es pseudónimo para prensa de Diego Romero Álvarez, insigne músico)

Nuestra amistad nació un día de San Arturo (1 de septiembre de 1966), cuando al verano apacible y curtido, apenas le separa una veintena de días del equinoccio otoñal. Ni Manolo ni yo fuimos personas a las que les gustara el relumbrón de un sol rutilante y cegador, propio del verano pleno. Aquel día en que nos conocimos, fue cálido y la fiesta duró hasta la madrugada, en la marquesina del chalé de los Damas-Zayas, allá por la Canaleta donde el brazo más occidental del Odiel abraza el Atlántico de la bella Punta Umbría, de playa inigualable y mareas generosas; ora bañando los pilares de las primeras casas -de peculiar estilo inglés-, en la pleamar; ora retirándose entre espumas blanquiverdes, desnudando sus orillas en bajamares extensas, casi interminables…

Desde el primer momento, conectaron nuestros estilos de concebir la música, cada uno a su aire, pero estableciéndose una afinidad, imprimiendo esa sutil armonía -por precepción innata- vistiendo cualquier tema musical con pinceladas de modulaciones que, sin rebuscamientos, dieran en el blanco de una conjunción alejada de las concepciones rutinarias. Todo ello sin pretensiones ni alardes fatuos, al dictado de nuestro carácter autodidacta…

Ahora se cumplirán siete años del fallecimiento del amigo y gran artista Manuel Pareja-Obregón García, que se fuera para siempre un 24 de julio, víspera del día del Apóstol Santiago del año 1995.

Manolo y otros amigos irrepetibles (discúlpeseme de olvidar la cita de alguien) también se nos han ido de este rincón, El Rompido, que por y con ellos descubrí hace casi 40 años: Eduardo Balbontín (el hombre de más gracia, de la buena, del mundo), Enrique Zbikowski, Alberto Balbontín, Juan Galiana, José Catalina, Paco Campoy, Luis Álvarez-Ossorio, Pepe López-Pazo y Celso Pareja-Obregón. Mas los que aún viven, amigos entrañables, ¿qué cosas pasan?…, a ninguno veo por más que busque y mire desde «La Barranca» -junto a los dos faros- hasta «La Galera». He quedado solo, de cuantos formábamos una tertulia enhebrada que duraba los dos meses largos de tantos veranos inolvidables.

Yo, el último en llegar… «ni canoa, ni guitarra, ni una red para pescar…» (como reza una canción que tanto cantáramos). Veo a sus familiares y sobre todo a la gente joven, entre ellos a la legión de Pareja-Obregón y ¡cómo no! al chiquitín de Manolo, Arturo, todo un hombre y extraordinario artista: bendita sea la rama…

Me viene a la memoria, al recordar la destreza, la personalidad acusada y hasta compleja -el arte en suma de Manolo- alguien como un Leonardo da Vinci que tanto conocía y fue maestro de cuando se propuso hacer…

Manolo fue puro arte, tanto con su piano, flauta, tamboril y guitarra, como improvisando rimas y músicas de sevillanas, fandangos y cualesquiera canciones. Juntos hicimos «La historia de una amapola», cuya autoría compartimos. Y en su piso de Nervión, puse la idea de la polifonía de su «Misa rociera», cuya melodía es de su autoría.

Su casa posterior estaba en Uruguay, 14 (Heliópolis) y la nuestra en Paraguay, 24, del mismo barrio. Casi a diario, en una o en otra, nos reuníamos para echar nuestros ratos de música y salían a relucir sus habilidades como cocinero, preparando exquisitos platos a base de los ingredientes más elementales que haya en cualquier despensa. O nos mostraba sus figuras ejecutadas en barro con la ayuda de un palo cortado del jardín: gitanas garbosas y bailaoras o con su churumbel apoyado en el cuadril, toros de Concha y Sierra, Pablo-Romero, Guardiola, Mihura…, en su alma y sus sentidos estaban grabadas las anatomías según castas y hierros. Y caballos, toreros y cuanto se le antojara. Algunas piezas -pocas- se las fundieron en bronce.

Sobre su barca de madera, blanca como una paloma, andaba por las aguas del Piedras como por su propia casa. Se la construyó Carrasco, en Cartaya, y con ella pescó (casi siempre en Septiembre) las corvinas más grandes que en El Rompido se han visto.

Hace unos meses, he compuesto «4 sevillanas a Manuel Pareja-Obregón» con la intención de condensar nuestras vivencias y sus primores. Pero ni con 400 sevillanas podrían cantarse los valores de este -aunque enjuto y de estatura bajita- artista de talla y talento grandes con quien tanto viví y gocé. Miles de ratos navegando entre delfines con la mar como un plato por ese Estrecho de Gibraltar y los sones de guitarra como fondo, hasta entrar en Banús, a bordo de «El Maletilla» con música y toque de flauta y tamboril; cazando al lado de la Virgen de la Cabeza, en la Sierra de Aracena o en nuestro Andévalo… Cuando Manolo se lo proponía, hacía T-O-D-O y BIEN. ¡Sí señor!, y aunque ahora se cumplan siete años de su muerte, permanecerá en nuestro corazón como artista eterno.

Vinieron acontecimientos que he ido bandeando y no pude hacer público mi sentir por motivo de una convalecencia obligada y, gracias a Dios, superada. Hoy, desde las páginas de este periódico tan familiar en nuestras casas, cumplo el deber del reconocimiento a una vida de amistad y afinidades, así como la gratitud por cuanto aprendí de mi amigo y gran artista.

¡Manolo, amigo! te imagino cantando tus ocurrencias al mismo Dios que le sabrán a Gloria. Amén.

carm

 

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