SEVILLA Y SU RÍO

jose maria
Hoy JOSÉ Mª PAREJA-OBREGÓN LÓPEZ-PAZO  en su columna “Va por ustedes” refresca nuestras mentes con agua del Guadalquivir y las recrea con geografía ciudadana. También, como quien toca las cuerdas de un arpa, hace lo mismo con la fibra del alma de quienes leemos esta preciosa descripción de nuestro río.

 

 

Una de las señas de identidad de Sevilla es su río Guadalquivir, antiguo Betis de los romanos y eje vertebral de la ciudad con su área metropolitana.  El Guadalquivir nace en la sierra de Cazorla, Jaén, paraíso natural y uno de los enclaves turístico rurales más importante de España, de allí baja regando los inmensos olivares para darnos el oro líquido que es el aceite de oliva y nutriendo con su cuenca a los maravillosos pueblos que va encontrando a su paso.

A mitad de camino el río hace un descanso en la ciudad donde el tiempo se detiene: Córdoba, mujer morena de ojos negros donde  se hace pequeño, extasiado ante tanta belleza y de la que se enamora para tener que abandonarla como una historia de amor inacabada.

Al llegar a Sevilla el río se divide para ser partícipe del encanto que tiene la ciudad y hace de frontera romántica entre Sevilla y Triana. Triana, reino independiente dentro de la ciudad y cuna de cantaores, toreros, bailaores y orfebres. Pasear por Triana es respirar Arte por todas sus callejuelas; pararte en sus tascas y escuchar a sus gentes, es de por si un espectáculo, y si hablamos de sus hermandades ¿qué se puede decir?. Allí vive la Virgen de la ESPERANZA, morena de la brisa marinera que viene de Sanlúcar y llorosa de ver a su hijo JESÚS en sus tres caídas mientras el romano a caballo le niega la compasión; EL CACHORRO, Cristo en su mayor agonía que hace crujir el puente cada viernes santo por la tarde para entrar en Sevilla con su rostro inigualable; la ESTRELLA, maravillosa; la O; San Gonzalo, son exponentes de la Fe del barrio. Pero si algo une a su gente y la echa a la calle, es su Hermandad del ROCÍO. Cuando llega mayo un día por la mañana  Triana se despierta  con cohetes que anuncian que su Simpecado se va para las marismas a postrarse ante la BLANCA PALOMA. El espectáculo de las  carretas  tirada por bueyes con el gentío es impresionante, los peregrinos van cantando y como dice la sevillana: “haga calor o haga frío Viva la Blanca Paloma, Triana va pal Rocío”.
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Impresionante foto de Fernado Ruso y Pepo Herrera. El Cachorro atravesando el puente de Triana

El nexo de unión de Sevilla y Triana es su Puente, no lo hay igual, testigo mudo del paso de los años que ve pasar por debajo los barquitos que, antiguamente de marineros y ahora deportivos o recreativos, se acercan para admirarlo. Primero fue de barcas y después, ya construido en la modernidad, sigue conservando ese halo romántico que hace que cruzarlo sea una experiencia que no hay que perderse.

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El río tiene un guardián a cada orilla, en Sevilla la torre del Oro, centinela dorado donde los antiguos navegantes dejaban sus mercancías que traían de las Indias. A un paseo el templo majestuoso de La Real Maestranza, cuna del toreo donde Pepe Luis y Curro están inmortalizados por haber derramado romero y sevillanía en el albero dorado, parando los relojes con el compás de sus muñecas y llevando los “Oles” paseo de Colon abajo. En la otra orilla el Altozano,  placita al final del puente, con la capillita del Carmen,  parada obligatoria antes de entrar en Triana, su árbol majestuoso que en verano da la sombra al caminante y la estatua del genial Juan Belmonte, trianero de la calle Feria, precursor del toreo moderno y sin el que no se entendería la Tauromaquia. Belmonte mira a Sevilla desde su atalaya y para no perderse  la maravillosa vista desde esta parte del río, ahí se quedó para siempre.
Cuando es de noche pasear por la calle Betis asomándote al río es un placer y cuando llega julio se celebra la   Velá de Santa Ana, feria pequeña de los trianeros, donde tomarse una copita para mitigar “la calo” es cita ineludible.

Antaño el río se desbordaba cuando llovía mucho y las zonas bajas de la ciudad se arriaban llevando desesperación y miedo a muchas familias. Se hicieron las obras oportunas desviando su cauce y gracias a Dios se solucionó el problema, pero de lo que no me cabe duda es que el río se salía para adentrarse y recrearse con la belleza de Sevilla y aunque la baña y la acaricia cuando se va “pa la mar” me han dicho que va llorando.

 

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