¡Va por ustedes!: ‘Con otros rumbos’

JoséMaría
José María Pareja-Obregón López -Pazo
 nos cuenta hoy en su columna  ‘Va por ustedes’, un cambio de rumbo. Nos habla de apegos y nostalgias y de felicidad, la de antes y la de ahora.

 

Me voy del Rompido y por tanto de Cartaya, una sensación extraña recorre mi cuerpo al escribir estas palabras porque esos dos lugares son una parte esencial de mi vida y de lo que ahora soy,  pues como decían los antiguos con muy buen criterio no somos de donde nacemos sino de donde crecemos.
Nací en Sevilla en el mes de octubre pero como me contaba mi abuela no soy choquero por quince días porque mis padres se llevaban en Cartaya desde junio hasta septiembre; mis abuelos Delia y José, por quien tengo el honor de llevar mi nombre, Vivian en Huelva en una casa en la Isla Chica pero tenían su segunda vivienda en Cartaya al final de la calle San Sebastián pegando a la ribera al pie del cerro colorao de sus primos los Balbontin Orta y dando a la gavia, allí mis abuelos compraron un terrenito y se hicieron su vivienda pues mi abuela Delia jamás quiso ir a otro sitio que no fuera el pueblo donde muchos años antes llegaron sus abuelos Juan José de Orta y Ana procedentes del Alosno y allí echaron sus raíces.

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En esa casa mis abuelos criaron a cinco hijos, Pilar, Pepe, Delia, Carmen y Lucía y les enseñaron a quererla tanto que gracias a Dios mi tía Lucía sigue conservándola en la familia; mi padre al hacerse novio de mi madre llegó un año a Cartaya y se enamoró de ese maravilloso pueblo con sus casas blancas y calles empedradas y de lo mágico de su término, pinares, almendros, higueras, matos de sandías y melones, la ribera con su cercanía al mar…..ese vinito colorao de sus tabernas y sus habas enzapatas; al quedar tan maravillado del lugar se lo dijo a su hermano Manolo que siempre estaban juntos y también se enamoró del sitio, allí cazaban, pescaban e hicieron muchos amigos con noches mágicas de fandango y guitarra.
Los primeros veranos que recuerdo en mi vida son en el seat  1500 cargado de bultos con la tata Reme y apretados como sardinas por esa carretera antigua de Huelva cruzando por todos los pueblos en un viaje que se te hacia interminable, la parada en la Palma para comer los calentitos, la parada en Huelva capital para ver a los padres de la tata y como gritábamos de alegría cuando pasado Gibraleón se veía de lejos la torre del campanario de Cartaya; como éramos tantos,  mis padres alquilaban a Manuela Gil, la señora que cuidaba la casa de mis abuelos siempre vestida de negro alta y cariñosísima con nosotros, una casita en la calle san Sebastián al lado de casa de mis abuelos donde estaban mis primos de Madrid con tío Jaime y tía Delia; por la mañana los baños en la ribera, la hora de la siesta en los pinares de la Joya, mi primo Miguel Ángel, los juegos en el Chalet con mis primos los Balbontin y los baños en el pilón del abuelo que tenía para regar su huerto, el heladero que bajaba todas las tardes con su carrito y su chaqueta blanca de los Valencianos que en cuanto lo oíamos pregonar salíamos corriendo como locos, por la tarde nos arreglábamos y nos íbamos a la plaza del pueblo a jugar con los chiquillos, las dos mellizas delante cogidas de la mano y Celso y yo detrás también de la mano que nos  apretábamos asustados al pasar por el antiguo cuartel abandonado, vigilados siempre por la meme subíamos por la calle San Sebastián y al pasar por las puertas estaban los hombres con sus mulos que acababan de llegar del campo con sus cargamentos de frutas y verduras, allí yo en mi timidez era inmensamente feliz y siendo tan pequeño recuerdo esos años perfectamente.

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Mi tío Manolo alquiló también en la calle San Sebastián y él y mi padre se iban todos los días a pescar al Rompido, salían muy temprano por la mañana y volvían por la tarde cargados de pescados. Un verano mi tío le dijo a mi padre que ese año el alquilaba en el Rompido para no tener que ir y venir y estuvo de maravilla,  mi padre siguió a su hermano y al año siguiente nos fuimos también para el Rompido;  Para mí fue un cambio muy grande pues echaba mucho de menos Cartaya, poco a poco me fui aclimatando a amigos y sitios nuevos porque entonces el Rompido era un muy pequeño, los hombres y mujeres que vendían fruta y verdura por las casas con sus burros, la única tienda la de Gertrudis, el bar de Manolo, calles de arena, siempre descalzos, coger bocas, el cañito buscando camarones, pescando mojarras, baños según había marea, remando en las pateras, polos en el levantisco, andar  por el monte detrás de mi primo Diego para coger al agua los jilgueros nuevos,  excursiones a las veguillas…..era en verdad el paraíso.
Mi tío y mi padre se hicieron un barco en Carrasco: el ”Pareja Obregón” y en él los días que no iban de pesca nos llevaban a bañarnos a la boca de la barra o la casalpalo donde únicamente había seis o siete barcos todos de amigos y los que su padre no tenían  barco siempre tenían sitio en uno o en otro, allí cogíamos coquinas y verdigones que estaban por millares; los pesqueros del terrón y del Rompido salían a la caída de la tarde dibujando una estampa irrepetible para traer por la mañana esos chocos y pescados que saltaban en el fregadero cuando los estaban limpiando.
Adolescencia, primeros amores con besos robados, primeras tajaillas, pandillas, fiestas del Carmen, guitarras…éramos como una gran familia y la verdad que fui inmensamente feliz, pero la vida son etapas y hay que saber vivir cada una a su tiempo. Mi etapa de ahora es en otro pueblo muy parecido a Cartaya y que conserva ese encanto: Villanueva del Ariscal, el pueblo de mi mujer, Blanca, y de toda su familia Silva; allí me fui a vivir cuando me casé y allí nacieron mis hijos y viví los años más felices de mi vida, olivos, viñas, bodegas, caballos, liebres, perdices….en Villanueva no me siento extraño y cada vez que voy parece que nunca me he ido, tenemos un cachito de terreno y es nuestra ilusión si Dios quiere por muchos años.

19264090_1493141707446891_425128907_oAunque he dicho adiós al Rompido y Cartaya nunca será definitivo porque siempre los llevare en mi corazón y volveré cada vez que pueda,  mi sitio ahora está en otro lado donde soy feliz; el otro día sentado en el jardín de mi amigo José, por la tarde se levanto el foreño y lo primero que me vino fue el silbido del tren por Sanlúcar, después el olor a higuera y como el poniente era fuerte, o no sé si fue mi imaginación, pude oler un poquito a salitre y pino, cerré los ojos y por un momento me encontré en la casa de Cartaya sentado en un banco que había al salir de la cocina esperando a mi abuelo para que me cogiera de la mano e irnos para el huerto con su sombrero de paja y su “azaón” para regar a la caída de la tarde…
JOSÉ MARÍA PAREJA-OBREGÓN LÓPEZ -PAZO

José María es mi primo y mi mejor amigo y le quiero como a un hermano.
CARMEN PAREJA-OBREGÓN DE LOS REYES

 

 

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