¡Va por ustedes!, columna de José María Pareja – Obregón López-Pazo

Indulto en La Maestranza 

JoséMaría

José María Pareja-Obregón se felicita hoy en su columna por el indulto del toro  Cobradiezmos  que “bailó” de estampa con Manuel Escribano de Gerena. Pocas, muy pocas veces ocurre en una plaza y ocurrió en nuestra feria de abril, aquí en La Maestranza. “¡Va por ustedes!”, nos dice.

Esta pasada feria de Abril en Sevilla ocurrió uno de los acontecimientos taurinos que muy rara vez se dan en el coso del baratillo, el indulto de un toro bravo y valiente por la gracia del público y el buen hacer del torero que le dio lidia.  El toro “cobradiezmos” de Victorino Martín y el torero Manuel Escribano de Gerena, Sevilla, se fundieron en una mezcla de baile y compás que rompía los moldes del enfrentamiento entre el hombre y el animal , creando una estampa que ha quedado en los anales de la plaza del Arenal.

cobradiezmos2

Soy de los que piensan que todo, dentro de un respeto, se puede discutir y que cualquier opinión por muy humilde que sea, puede ser muy válida. Por ese motivo respeto mucho a los que no son aficionados a la fiesta de los toros y no me cabe duda que sus razones tendrán, pero dentro de la racionalidad creo que cabemos todos. La fiesta ahora está pasando por uno de sus peores momentos, como la cacería y la monta y enganches de caballerías; la defensa de los animales se está llevando a un extremo que raya la obsesión y creo que se debería hacer un estudio con personalidades competentes donde, por supuesto, no se maltrate a los animales, pero que cada uno tenga su sitio.

El indulto de ese toro nos alegró a todo el mundo y nos emocionó porque nadie quiere quitar la vida a otro ser vivo. Firmaríamos que todos los toros fueran indultados, pero la fiesta como la conocemos perdería su esencia y razón de ser, los ganaderos crían los toros para el fin de que demuestren su bravura  en la plaza y la misión del torero es jugarse la vida para demostrarlo.

Si se acabaran las corridas de toros, este magnífico animal pasaría a un lugar reducido donde poder admirarlo, pero los encastes y su lugar en la dehesa desaparecerían; muchos puestos de trabajo que dependen de la tauromaquia quedarían en el aire y el campo ganadero necesitaría una reestructuración.

A los pocos días de llegar “cobradiezmos”a su antigua dehesa vi en televisión las primeras curas y me alegré de la favorable evolución del bravo animal. Llovía y la imagen del toro en las verdes campiñas me dio una gran paz interior; volvía a la que durante cuatro años fue su casa, donde nació y se crió fuerte y alegre;  en ese momento pensé lo que estaría pasando por la cabeza de este bello animal.

cobradiezmos

Al despertarse, al día siguiente de volver, pensaría que había tenido un mal sueño y que se había equivocado de cerrado entrando en un lugar diferente donde le habían hecho daño y donde había pasado frío, miedo, sed y hambre. Había visto una cantidad de gente enorme y que no se parecían a su vaquero. El ruido y el griterío lo habían asustado provocando su excitación y que se arrancara a todo lo que se moviera, añoraba el silencio y la tranquilidad de su dehesa y no comprendía nada de lo que estaba pasando.

El segundo día ya más tranquilo y con menos dolores por las curas del veterinario empezó a mirar a su alrededor y todo le era familiar, las encinas, los comederos, el abrevadero y los chaparros donde los días calurosos del verano se escondía para sestear.Vio llegar a los bueyes que fueron su guía desde que lo separaron de su madre y se arrimo a ellos. Todo se iba poniendo en su sitio y parecía que estaba despertando de ese mal sueño; pero notó un vacío muy grande, estaba echando de menos a sus hermanos y primos, mugía llamándolos y durante unos días recorría el cerrado de arriba abajo buscando el montículo más alto para lanzar su llamada más angustiosa buscando una inexistente respuesta de aquellos que desde que era un becerrito fueron sus compañeros de juegos y peleas. Se extrañó de comer solo y le costaba conciliar el sueño y un día al acercarse el mayoral vio que una lagrima salía de esos ojos negros que lo miraban extrañado.

Cuando estuvo curado una mañana los bueyes lo llevaron a un cercado con mucha yerba y donde había una manada de vacas, empezó a olerlas y su instinto de semental se despertó dejando que la naturaleza siguiera su curso. Había ganado su premio de salvar la vida por su bravura y tenía que transmitirla a sus descendientes, es la tristeza y la grandeza del toro bravo que siempre nos hará reflexionar.

José Mª Pareja – Obregón López -Pazo

 

Related News

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR